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PR- 398-11
8 de noviembre de 2011

EL ALCALDE BLOOMBERG DESCRIBE ACCIONES ESPECÍFICAS PARA QUE EL SUPERCOMITÉ DEL CONGRESO EQUILIBRE EL PRESUPUESTO FEDERAL A FIN DE IMPULSAR EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

El alcalde expone un plan para balancear el Presupuesto en 10 años

Dice que el mejor estímulo económico ahora es la responsabilidad fiscal; el Supercomité debe romper el k Partisan Deadlock and Take Bold Action

A continuación, el texto preparado para el discurso del alcalde Michael R. Bloomberg en un foro organizado por las organizaciones American Action Forum y Center for American Progress en la sede de esta última en Washington, DC. Por favor confirme con el discurso final.

“Gracias, Elaine y Neera, y buenos días.  Resulta que hoy es el Día de elecciones, aunque no hay muchas contiendas hoy —  a menos que se incluye a Dancing with the Stars.  Quiero agradecer tanto a Center for American Progress como a American Action Forum por recibirnos —  ¿quién dijo que no hay bipartidismo en Washington?  Pero siempre es bueno venir al DC — aunque sea por unas horas.

“He venido aquí como ciudadano preocupado, al igual que todos ustedes, y como empresario que dedicó 20 años a construir una compañía, y como el alcalde de 8.4 millones de personas, muchas de las cuales están sumamente preocupadas por su futuro.

“Aproximadamente 40 por ciento de mis electores son inmigrantes.  Ellos vinieron a Estados Unidos — y a Nueva York — por la oportunidad de trabajar y construir mejores vidas para sí y para sus familias.  Esa es la promesa de nuestra nación: una nación de soñadores y luchadores; mantenemos nuestra mirada en las estrellas mientras que sudamos la gota gorda.  Entendemos que el éxito requiere del trabajo duro — nada es gratis.

“Eso es verdad en la Ciudad de Nueva York, y es verdad en los pueblos de todo Estados Unidos, excepto en uno: Washington.

“Por demasiado tiempo, Washington ha funcionado basada en el principio de ‘algo por nada’.  Ambos partidos han prometido el mundo a sus electores — y les han dado deudas y una economía floja y un un crecimiento anémico del empleo.  Ellos han adoptado programas ambiciosos — sin una forma seria de pagar por ellos.  Han prometido producir y proteger empleos — y en su mayor parte, los funcionarios electos tienen sus empleos, pero ahora mismo hay 14 millones de norteamericanos comunes que no pueden hallar trabajo, y más que han dejado de buscarlo.

“Ambos partidos predican la responsabilidad fiscal, y sin embargo, la deuda nacional está en $10.3 billones.  Eso es cerca de $34,000 por cada hombre, mujer y niño en el país, y está creciendo al ritmo de $4 mil millones — cada día.  Si nuestras políticas actuales de impuestos y gastos se mantienen, en 10 años la deuda nacional ascenderá de $21.5 billones, o unos $72,000 por persona.

“Gracias a la ‘prudencia’ de los dos partidos, el Gobierno federal está alcanzando déficits presupuestarios anuales de $1.3 billones, lo cual significa que está tomando prestado uno de cada tres dólares que gasta.

“Para poner eso en perspectiva: Si usted gana $40,000 anuales, ¿gastaría $60,000?  No por mucho tiempo —  usted no lo haría, ya que ningún banco seguiría prestándole.

“Pero Washington no tiene ese problema.  Washington imprime eficazmente dinero, mientras que el resto de nosotros tenemos que ganarlo.  Y así, incluso en los buenos tiempos, cuando una administración responsable del presupuesto habría significado ahorrar dinero, Washington estaba atiborrándose de deudas.

“En 2000, el Gobierno federal tomó $2 billones en ingresos y gastó $1.9 billones.  En 2010, el Gobierno federal tomó $2.3 billones en ingresos y gastó $3.6 billones.  Eso significa que, en 10 años, nuestros ingresos crecieron 15 por ciento, mientras que nuestros gastos crecieron 80 por ciento.

“Gastar dinero que no tenemos parece ser lo único en lo que ambos partidos pueden concordar, pero está amenazando al futuro mismo de nuestro país.  ¿Por qué?  Eso es lo que quisiera discutir hoy: ¿Por qué la era del ‘Algo por nada’ tiene que terminar — y terminar ahora — y qué se necesitará para hacerlo.

“En los últimos años, el Gobierno ha intentado estimular la economía, en gran parte con gastos que producen déficit y recortes fiscales — y creo que es justo decir que los resultados han sido, en el mejor de los casos, ambivalentes.  Aunque estamos en mejor forma que Europa, demasiados estadounidenses aún no tienen trabajo.  Demasiadas familias aún están teniendo problemas pagando sus cuentas.  Demasiados pequeños negocios aun están luchando para mantener abiertas sus puertas — y son responsables por casi la mitad de todos los empleos en los Estados Unidos.

“Ahora debería estar claro que más gasto gubernamental y recortes fiscales no pueden estimular el crecimiento del empleo que necesitamos para recuperar la estabilidad económica.  Ya hemos cruzado ese puente — y tomado demasiado prestado.

“De forma similar, el gasto de los consumidores no puede estimular el crecimiento que necesitamos para recuperar la estabilidad económica — ya que la deuda de los consumidores se mantiene elevada.  Tanto el gobierno como los consumidores tienen balances generales que están muy en rojo.  Ninguno tiene el dinero para dirigir una recuperación económica — pero afortunadamente, hay un grupo que lo tiene: las empresas.

“A diferencia de los eventos previos al derrumbe de 2008, en que las empresas tomaron demasiado riesgo, hoy estas no estas no están dispuestas a asumir los riesgos que necesitamos que asuman — y el resultado es que hay mucho capital que se mantiene al margen.  El motivo por el que esto está sucediendo no es algo que los líderes gubernamentales parecer entender completamente — y como alguien que ha estado tanto en los negocios como en el gobierno, he visto cómo ambas partes hablan a menudo sin escucharse.

“La semana pasada, a solicitud del senador Michael Bennet, convoqué una cena con un grupo bipartidista de senadores y líderes empresariales de Nueva York.  Tuvimos una discusión muy franca sobre la economía y cómo Washington está manejándola.  Algunos de los líderes empresariales expresaron la preocupación de que no se les está oyendo en Washington — y tienen la mitad de la razón.

“Ellos están siendo escuchados — pero no están siendo comprendidos.  Con suerte, creo que esta mañana puedo traducir eso un poco.

“Hablando en términos generales, las grandes compañías norteamericanas no están faltas de dinero. Pero uno de los grandes motivos por los que no están invirtiendo es que les falta confianza en la capacidad del Gobierno federal para manejar la política macroeconómica.

“La compañías no realizan grandes inversiones cuando el futuro de políticas fiscales y de regulación es tan incierto.  Cada CEO y líder empresarial con los que hablo dice prácticamente lo mismo: Ellos no van a tomar grandes decisiones sobre inversiones hasta que sepan cómo Washington piensa lidiar con nuestros enormes déficits.  Y ahora mismo, ellos no tienen idea de cómo o si eso va a ser logrado.

“Esa incertidumbre es un gran lastre para la creación de empleos — ya que el precio de la incerteza para los negocios es la parálisis.  La gente que toma decisiones detesta la falta de claridad.  Se puede poner un precio a los incrementos tributarios y costos laborales para un plan de negocios, y aún así invertir y crecer.

“Pero si uno no sabe lo que hay al otro lado del borde de la ventana — no se lanza al vacío.  Uno se sienta y espera — y eso es lo que están haciendo las compañías.  Las compañiás están expresando un voto de no-confianza en Washington debido a la falta de certidumbre que enfrentan, y vemos los efectos en la falta de crecimiento laboral e inversiones.

“Cuando los líderes empresariales hablan sobre incertidumbre, a menudo están hablando de cómo terminará implementándose la reforma del cuidado de salud o las regulaciones financieras — y esas preguntas son impedimientos reales al crecimiento.

“Pero igualmente importante, y este es el tema para hoy, es la incertidumbre mayor que existe sobre la estabilidad fiscal a largo plazo del país.  Hay un reconocimiento generalizado en la comunidad empresarial de que tenemos que hacer grandes cambios — ahora — o arriesgarnos a que nos impongan grandes cambios en la forma de más degradaciones crediticias, alta inflación o una austeridad inaceptablemente severa que lesionaría a los ciudadanos más vulnerables.  Entonces, ¿qué espera la comunidad empresarial ver en Washington?

“Casi todos los CEOs con los que hablo dicen lo mismo: Si el Gobierno federal aprobara un plan real para reducir el déficit — y hablaremos sobre lo que significa la palabra ‘real’ en un minuto — los líderes de negocios responderían justo como hicieron en los años ’90, cuando el Presidente Clinton y el Congreso adoptaron un plan de reducción de déficit a largo plazo que dio a las empresas más certeza sobre el mercado.  Ese sentido de mayor certidumbre — esa confianza en el futuro del país y la estabilidad de los mercados — valía entonces, y vale ahora, su peso en oro.

“Pero mientras el Gobierno federal siga acumulando enormes déficits, y diciendo cosas extrañas cada pocos meses sobre cómo arreglarlos, disminuirá la probabilidad de que los líderes empresariales realicen inversiones a largo plazo que producirían empleos.

“Uno de los motivos por los que este mensaje no está calando en el Beltway es que demasiados funcionarios electos no han pasado suficiente tiempo en el sector privado como para saber que las decisiones sobre inversiones son acerca de más que dólares y centavos.  Se tratan de expectativas — expectativas de hacia dónde se mueve el mercado, y en cuáles formas lo impulsará el gobierno.

“Es por ello que hoy, creo que el mejor estímulo económico es una reducción fiscalmente responsable a largo plazo que envíe una señal clara al sector privado sobre el compromiso de Washington con la estabilidad económica.

“Una reducción real del déficit significa más empleos hoy y mañana.  Pero una reducción real del déficit requiere un coraje político real — y ese, desafortunadamente, es el más grande déficit que enfrentamos.

“Como todos sabemos, el Supercomité sobre reducción del déficit tiene hasta el 23 de noviembre para hacer recomendaciones sobre acciones para lograr $1.2 billones en ahorros en los próximos diez años.  Para dar perspectiva a este asunto, eso reduciría nuestro déficit en casi 13 por ciento.  Eso es todo.  Una nimiedad.  Y la deuda federal seguirá creciendo.

“Acordar $1.2 billones en ahorros sería apenas empezar a lidiar con el problema — y sin embargo, hasta este momento, parece que el comité está en peligro de lograr incluso ese estándar bajo como resultado acostumbrado partidismo arriesgado.

“Es posible que la palabra ‘atasco’ se haya inventado en Nueva York, pero cuando se viene a Washington, uno se da cuenta de que aquí ha sido convertida en un modo de vida.

“El verano pasado, vimos lo profundamente disfuncional de Washington, cuando el atasco relacionado con la forma de recortar el creciente déficit de la nación hundió nuestra calificación crediticia perfecta, envió a los mercados financieros en picada y convirtió a las agencias de calificación el blanco de una caza de brujas.

“En el plazo de esos dos meses, Washington hizo más para lesionar a nuestra economía — sin hablar de nuestra reputación como un cuidador confiable de la democracia y la libertad de los mercados — que lo que había hecho para ayudar a nuestra economía en los dos años previos.  Cualquier fe que los americanos tenían en la capacidad de Washington para funcionar fue destruida casi por completo.  Entonces se sintió como lo más bajo para nuestro sistema político.

“Pero ahora, como dijo una vez un gran neoyorquino, está empezando a sentirse como un ‘déjà vu otra vez — pero peor.

“Actualmente, la comunidad internacional de negocios está empezando a murmurar comparaciones entre el Congreso de Estados Unidos y el Parlamento griego, y si el Supercomité cae víctima del mismo tipo de parálisis partidista que cada vez más define a Washington, esos murmullos se harán más audibles.  Más allá del daño que un comité empantanado haría a nuestra reputación, los recortes automáticos que provocaría a los gastos no fijos y de defensa tendrían un precio terrible.

“Pagaremos el precio en seguridad pública — ya que los recortes, como dijo el secretario de Defensa [Leon] Panetta, ‘realmente devastarían nuestra seguridad nacional’.  Pagaríamos un precio en nuestra red de seguridad pública — ya que los recortes afectarías más a los que necesitan más ayuda gubernamental.  Pagaremos un precio en deuda pública — ya que el déficit seguirá sobrecargando a los contribuyentes y obligando a nuestros hijos a pagar las deudas en las que estamos incurriendo hoy.  Y más que nada, pagaremos un precio económico en empleos perdidos y crecimiento perdido.

“No podemos costear el pago de esos costos.  No podemos permitir que ambos extremos de la avenida Pennsylvania, y ambos partidos en el Congreso, renuncien a sus responsabilidades de dirección.  No podemos permitir que Washington cese el pago de sus obligaciones para con el pueblo americano.  Y no podemos permitir que el Gobierno de los Estados Unidos sea puesto en piloto automático, recortando gastos sin consideración de la efectividad o importancia de los programas que están siendo recortados.

“Esa no es manera de manejar un gobirno — y como país, somos mejores que eso.  Somos más fuertes que eso.  Y es hora de que empecemos a recordar eso — o de otra manera, este Congreso, y esta Administración, serán recordados por comenzar el declive del más grande poder económico jamás construido.

“Sencillamete: Necesitamos detener el cimiento del déficit que nos destruirá. Necesitamos empezar a crear las condiciones que permitirán al sector privado crear empleso y fortalecer a la economía.

Y necesitamos lo único que une a esas dos piezas: liderazgo.  Liderazgo en el Congreso y en la Casa Blanca.

“En las últimas semanas, he hablado con varios miembros del liderazgo del Senado y la Cámara de Representantes y con miembros del Supercomité, y se que ambas partes quieren hallar un terreno común.  Pero las buenas intenciones no bastan.

“En forma similar, el Presidente merece reconocimiento por impulsar un gran acuerdo el verano pasado — y por ofrecer su propio plan en septiembre.  Pero eso tampoco es suficiente.  El poder ejecutivo debe hacer más que presentar un plan a un comité — y luego ponerse a un lado y esperar que los miembros del comité actúen.

“Esa no es la manera como un CEO administraría un negocio — y, al menos en los tiempos modernos, no es la forma en que piezas legislativas históricas han sido aprobadas en el Congreso.  Los problemas difíciles requieren liderazgo decidido, firme y audaz — y acciones reales.  Esa es la única manera en que vamos a terminar con la era del ‘Algo por nada’ — y nos corresponde a nosotros exigirlo tanto al Congreso como a la Casa Blanca.

“Tan importante como es el hecho de que Washington actúe, si el Congreso logra un acuerdo de $1.2 billones en ahorros, que probablemente será desarrollado en base a alguna manipulación o un subterfugio en la contabilidad — esto sería casi tan malo como el no lograr acuerdo alguno.

“¿Por qué?  Porque esto permitiría al Congreso desentenderse de una reducción real del déficit hasta al menos el año 2013 — lo cual sería desastroso para la economía norteamericana.

“Y recordemos: Los ahorros por $1.2 billones de los que están hablando serían completamente eliminados — y algo más — si las tasas de interés aumentan apenas un punto porcentual más de lo que asumen los estimados presupuestales.

“Las tasas de Itnez están ahora en un nivel históricamente bajo — cerca de 3 por ciento.  Pero no hace mucho tiempo que las tasas de interés estaban en 5 y 6 por ciento — y puedo recordar que los bonos comerciales estaban en 14 por ciento.  Y si las tasas de interés no vuelven a sus estándares históricos, que Dios nos ayude — porque eso probablemente significará que la Reserva Federal ha mantenido a las tasas bajas a fin de estimular a una economía estancada.

“Por ende, lo único peor para el déficit que el aumento de las tasas de interés sería que las tasas de interés no suban.  Así que no podemos simplemente decir que la inacción congresual no importa — y que simplemente creceremos hasta salir de estos déficits.  El crecimiento puede ayudar a reducirlos — pero cuando crezcamos, las tasas de interés se elevarán, y también lo harán los pagos de nuestra deuda, lo cual se sumará a nuestros déficits.

“De hecho, hacer nada y esperar el crecimiento no es una forma de posponer — es patearnos a nosotros mismos en la cabeza.

“Porque, mientras que permanecemos en la inacción, otros países estarán pasándonos en la carrera al crear nuevas industrias y nuevos empleos.  Y mientras más tiempo esperemos, más atrás quedaremos.  Entonces, la creación de empleos y la reducción del déficit serán mucho más difíciles — ya que nuestra posición competitiva será mucho peor.  La realidad es que, si no actuamos en serio ahora, nuestro creciente problema del déficit podría convertirse en una emergencia fiscal total.

“Lo que necesitamos del Supercomité no es un plan que realice pequeños ajustes.  Necesitamos un plan audaz, de largo plazo y exhaustivo que estabilice un presupuesto federal que está perdiendo mucho dinero, y que nos ponga en el camino al crecimiento y la estabilidad económicos de largo plazo.

“Necesitamos un plan que analice las consecuencias económicas para nuestro país — no las consecuencias políticas para la próximas elecciones.  Y eso quiere decir tener el valor de admitir lo que todos saben: No podremos simplemente salir del problema con recortes, y no podremos simplemente aumentar impuestos para resolverlo.  Necesitamos hacer ambas cosas — y quisiera sugerir dos principios fundamentales que nos pueden llevar ahí.

“Primero — todas las partes tienen que estar dispuestas a ceder en algo.  No tienen que ceder en todo, pero sí, tenemos que recibir algo de las partes.

“Al igual que una comisión para cerrar bases, este Comité debe aceptar que las soluciones reales requieren superar las limitadas preocupaciones partidistas, regionales e ideológicas.  Necesitamos que ambos partidos se enfrenten a sus propios intereses especiales, y que pongan su amor por el país por delante de su miedo a la próxima campaña. 

“Los demócratas tienen que enfrentar la realidad de que necesitamos hacer mayores recortes, incluyendo reformas razonables a los programas de beneficios.  Y tienen que parar de enfrentar a unos norteamericanos con otros en un juego de guerra de clases para sus propios propósitos políticos.

“Los republicanos tienen que enfrentar la realidad de que necesitamos más ingresos — más ingresos de los que podemos recibir con solo recortes.  Y tienen que parar de proteger cada recorte y brecha tributarios como si fueran sacrosantos, cuando de hecho muchos de ellos son mala política económica.

“Existe un amplio medio en nuestra nación — en los 50 estados — que quiere que ambos lados trabajen juntos en este tipo de compromiso pragmático.  Los votantes son más inteligentes de lo que muchos de los funcionarios electos piensan que son.  Por mi experiencia propia, ellos respetan el valor y recompensan los resultados, aún cuando no siempre estén de acuerdo con uno.

“Así que hablemos sobre cómo cada partido puede hacer lo que los votantes quieren reuniéndose en un punto medio — y empecemos con los demócratas.

“La buena noticia es que, de hecho, hay mucho más terreno en común sobre los recortes de gastos de lo que la mayoría de la gente entiende.  Ambos partidos han propuesto por lo menos $400 mil millones en recortes de Medicare.  Ambos partidos han propuesto al menos $200 mil millones en gastos no fijos que no incluyen a la defensa.  Ambos partidos han propuesto algunos recortes a Medicaid.  Y ambos partidos han acordado vincular de forma más estrecha los pagos a la inflación, reduciendo el Índice de precios al consumidor (CPI, en inglés), lo cual llevaría a ahorros de casi $40 mil millones.

“Deberíamos hacer eso y más.  No será fácil — y no será indoloro — pero no podremos controlar nuestro déficit sin controlar el gasto.

“Durante los últimos meses, he hablado con algunos de los líderes que han apoyado una solución audaz y estructural a nuestro problema de déficit: gente como Alan Simpson y Erskine Bowles, y el Grupo de los seis (Gang of Six, en inglés).  Ellos han estudiado esta cuestión por todos lados, y realizado la seria tarea de investigación sobre las implicaciones económicas y de seguridad de estos recortes, no solo las consecuencias políticas.

“También esbozaron un plan que presenta cómo los recortes podrían ser introducidos gradualmente en 10 años, para asegurar que no interfieran con la recuperación actual.  No podemos pasar los próximos cuatro años estudiando el problema desde el inicio otra vez.  El mundo nos está pasando de frente, y la gente está sufriendo hoy en día.  Necesitamos acciones ahora — acciones audaces.

“Y permítanme decirles claramente: Creo que ha llegado el momento de que los integrantes del Supercomité adopten los recortes de gastos en Simpson-Bowles en gran parte de su totalidad, incluyendo sus reformas de la Seguridad Social”.

“Cuando se analizan las cifras subyacentes de la Seguridad Social, la necesidad de reforma es innegable — especialmente cuando uno considera que uno de cada dos niños nacidos hoy tiene la probabilidad de vivir más de 100 años de edad.  Esas son buenas noticias para la próxima generación.  Pero, para apoyar sus jubilaciones, tendremos que hacer ajustes.

“De hecho, el Seguro Social es la mayor transferencia de patrimonio en la historia mundial — con la posible excepción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).  Y mientras que menos y menos trabajadores sustenten a más y más jubilados, la transferencia será una mayor carga para la fuerza laboral norteamericana.  En 1950, había 16 trabajadores para cada jubilado, lo cual mantenía los impuestos razonablemente bajos para cada trabajador.  Hoy en día, solo existen 3.3 empleados por cada jubilado.  Y dentro de 15 años, se espera que esta cifra sea de solo dos trabajadores por cada jubilado.  Eso quiere decir que los norteamericanos pasarán más y más horas hábiles trabajando para sustentar la jubilación de otros, en vez de apoyar a sus propias familias.

“Mientras más rápido tratemos el problema, más rápido lograremos la introducción gradual de cambios.  Haciendo ahora modestos ajustes a beneficios futuros, introduciendo lenta y gradualmente una edad de jubilación más alta durante las próximas seis décadas, y adoptando la medida más exacta del Buró de Estadísticas Laborales del Índice de precios al consumidor, conocido como el Índice de precios al consumidor ponderado en serie (Chain Weighted CPI, en inglés), lo cual parece ser un punto en común en el Supercomité, podríamos lograr la solvencia de la Seguridad Social para los próximos 75 años — y podemos asegurar que los jóvenes del mañana no estén gastando mucho más de sus ingresos manteniendo a personas de edad avanzada a comparación de los jóvenes de hoy en día.

“Los demócratas también tienen que aceptar el hecho de que no hay forma alguna en que podamos lograr una reducción seria en el déficit sin encontrar más ahorros en los costos del cuidado de salud.  Para empezar, debemos adoptar una reforma de litigios civiles que reduzca los costos y errores médicos y debiéramos alejarnos de una sistema basada en cuotas que incentivaba por el gasto en vez de resultados saludables.

“Deberíamos estar pagando a los médicos para que mantengan a los pacientes saludables — no para hacer pasar a los pacientes por toda una batería de exámenes, ya sea si los necesitan o no.  Gastamos $7,500 anualmente per cápita, mientras que Europa gasta solo $3,300 per cápita.  Aún así, ellos tienen una expectativa de vida de unos años adicionales.

“Aunque el Supercomité no cambiará esto en los próximos dos años, no hay duda de que una reforma estructural seria del déficit requiere una reforma estructural seria del cuidado de salud que ahorre dinero y salve vidas, para que la gente pueda obtener el cuidado de salud que necesitan y merecen, a un precio asequible.

“Ahora — del otro lado del pasillo: Necesitamos que los republicanos acepten el hecho de que tenemos un serio problema de ingresos, lo que me lleva al segundo principio clave que creo que nos puede llevar a un acuerdo del déficit a favor del crecimiento: Todos los grupos de ingresos tienen que ser parte de la solución.

“Es justo pedirles a aquellos que ganan más que carguen con una mayor parte del peso — esa es la idea fundamental de un impuesto escalonado a la renta.  Pero todos deberíamos ayudar a cargar con ese peso — y de hecho existe una manera directa y posible para hacer eso: Permitan que los recortes fiscales de Bush caduquen a finales de 2012, no solo para los que ganan altos ingresos, como el Presidente lo ha propuesto, sino para todos los niveles impositivos.

“Además de aceptar los recortes de Simpson-Bowles, permitir que los recortes fiscales caduquen es la otra clave, y es hora de hacerlo.  Hace un año fui uno de los que instó al Presidente a extender los recortes tributarios Bush por un para de años, permitiendo a la economía más tiempo para recuperarse.

“Era algo prudente hacerlo en ese momento como una medida a corto plazo.  Le dio al Gobierno federal tiempo para atender algunos de los problemas subyacentes, incluyendo a nuestros déficits insostenibles — y con el nombramiento de Simpson-Bowles, eso se veía como una posibilidad real.

“Lamentablemente, durante el año pasado, Simpson-Bowles ni siquiera llegó a ser discutido en el Congreso, y aún menos llevado a votación.  Y aunque nada ha ocurrido en Washington — en Europa, estamos presenciando lo que ocurre cuando los déficits son ignorados indefinidamente.  La experiencia europea es un doloroso recordatorio de que los déficits vienen con costos económicos y para el 2013, los grandes déficits anuales en que Estados Unidos estará incurriendo serán un lastre mucho más grande sobre el crecimiento económico que el devolver tasas impositivas marginales a los niveles de los años ‘90.

“Los opositores pegarán alaridos y gritarán que los impuestos y recortes están destruyendo la economía.  Pero estas mismas personas dijeron lo mismo en 1993, cuando el Presidente Clinton y el Congreso adoptaron esos índices como parte de un gran plan para reducir el déficit.  Y creo que todos recordarán que esto dio un resultado bastante favorable.

“Los impuestos a la renta aquí en Estados Unidos son más bajos que en la mayoría de los países desarrollados con los cuales competimos, y si volvemos a las tasas de la era Clinton, serían aún menores.  Así que no esto no sería un disuasivo para que los emprendedores extranjeros vengan y creen empresas y empleos aquí.

“Lo que es interesante es que en Nueva York tenemos la situación opuesta: nuestros impuestos estatales sobre los ingresos son más altos a comparación con los demás estados con quienes competimos, incluyendo a Nueva Jersey y Connecticut.  Aumentar nuestros impuestos sobre la renta crearía una falta de incentivos para que los emprendedores y negocios vengan a Nueva York.  Eso nos haría aún menos competitivos de lo que somos hoy, y es la razón por la que el gobierno del Estado de Nueva York debería evitar un ‘impuesto estatal a los millonarios’.

“No solo es una guerra de clases que nos divide cuando necesitamos permanecer unidos, sino que creo que el gobernador Cuomo tiene toda la razón cuando dice que un impuesto a los millonarios conduciría a la gente y negocios a salir de Nueva York o crecer en otros lugares — y sencillamente no podemos permitir esto.

“Reconozco que permitir que caduquen los recortes impositivos de Bush no es un paso probable para ser dado por el Supercomité.  Pero es un paso que el Presidente puede tomar su propia cuenta — comprometiéndose a vetar cualquier extensión a estos.  Es aquí donde él debería dejar a un lado la política y dirigir — y no seguir — la creencia popular.

“Si el Congreso supiera con certeza que los recortes fiscales de Bush caducan el año entrante, durante los meses siguientes se incrementaría la probabilidad de un plan bipartidista que reformase el código fiscal de manera que lo simplificaría, incrementaría los ingresos y aumentaría la actividad económica.

“Para los republicanos, aceptar que se necesitan más ingresos también significa identificar exenciones y brechas tributarias, al igual que subsidios, que no tienen sentido económico alguno.  Es alentador que los republicanos estén hablando sobre el cierre de algunas brechas fiscales corporativas, pero no deberían detenerse ahí.

“Los subsidios a los granjeros que aumentan los costos para los consumidores deberían de ser recortados drásticamente o eliminados completamente.  Lo mismo se podría decir sobre las exenciones tributarias y subsidios que ofrecemos a la industria de energía.

“Y ya que lo justo es justo, las brechas fiscales en la industria financiera que son anticuadas también deberían ser eliminadas, incluyendo impuestos al interés devengado previo como ingreso ordinario.  Digo esto a pesar de que muchas de las personas que serian afectadas son mis electores — y probablemente recibiré unas cuantas llamadas más tarde en el día de hoy.

“Dar los pasos que he esbozado esta mañana, en especial adoptando los recortes de Simpson-Bowles y permitiendo que los recortes fiscales de Bush caduquen, nos permitirá alcanzar una meta que, increíblemente, no está siendo discutida en Washington en este momento: equilibrar el presupuesto en diez años.

“Los recortes de gastos de Simpson-Bowles, además de las tasas impositivas de la era Clinton, junto con el cierre de brechas tributarias y la terminación de subsidios derrochadores ahorrarían unos $8 mil billones y lograrían el equilibrio de nuestro presupuesto para el 2021.

“Si el país más rico del mundo no puede equilibrar sus libros en el transcurso de una década — algo está terriblemente mal.  Sencillamente, no es tan difícil de lograr, si tenemos el valor — y no deberíamos aceptar las excusas acostumbradas.

“La gente puede decir ‘Este Congreso y el Presidente nunca lo harán’.  Bueno, todo depende de que nosotros los hagamos rendir cuentas, no solo por salvar los obstáculos más bajos, sino por adoptar un acuerdo claro, a largo plazo, serio y maduro que colocará a nuestro país en un camino hacia la responsabilidad fiscal— y hacia un regreso a la prosperidad económica.

“Las ideas que he presentado aquí el día de hoy no son una cura para todo.  Además de organizar nuestros asuntos fiscales y dar a los negocios la confianza que necesitan para encender el motor de [la creación de] empleos, necesitamos emprender grandes reformas en tantas áreas distintas.  Necesitamos un sistema de cuidado de salud menos costoso y más efectivo.  Necesitamos impuestos corporativos más bajos y parejos, ya que cuando se tiene la segunda tasa impositiva más alta a nivel mundial, esto aleja a la inversión.  Y, lo más urgente, necesitamos un sistema migratorio que pare de privarnos de los emprendedores, científicos, ingenieros y trabajadores agrícolas que necesitamos para desarrollar nuestra economía.  Estas son políticas económicas terribles — yo las llamo un suicidio nacional — y es un ejemplo más de cómo Washington está impidiendo que nuestra economía añada empleos.

“Estas próximas dos semanas nos dirán mucho sobre si Washington es capaz de avanzar a nuestro país.  Soy un optimista — así que espero que los miembros del Supercomité reconozcan que este momento no se trata sobre lo que el liderazgo del partido vaya a decir o como una facción política vaya a votar, o qué impacto tendrá sobre la próxima elección.  Se trata de nuestro futuro.  Y se trata de tener el valor de hacer lo correcto para nuestros hijos.

“Los momentos más grandiosos de Estados Unidos han llegado cuando Washington se ha superado la política acostumbrada — y ha colaborado para resolver los problemas más difíciles.  No como miembros leales a un partido — sino leales a nuestra nación.

“Ese es el sentido de un propósito común que vemos de costa a costa — en los estados azules, en los estados rojos y los estados morados.  Es el espíritu de poder lograr que siempre ha definido a nuestro país.  Y es el entendimiento de que, al final, el futuro del país más grandioso del mundo está en nuestras manos.  No lo echemos a perder.  Gracias”.







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